El Camino a la Gloria

lunes, 2 de julio de 2007

Escrito en el año 2005.

-Pero si faltan tres horas para el partido-
-Te digo que te prepares, entre que salimos, viajamos, sacamos la entrada y todo, no quiero llegar tarde-
-Pero pepe no vas a llegar tarde, vas a llegar muy temprano-
-Si no te gusta, viaja solo, yo me voy-

Eran las cuatro y media, el partido estaba planeado que empezara a las 19:10, pero si había algo que me caracterizaba era mi locura por llegar media hora temprano a todos lados. Prefería esperar una hora sentado, a tener que estar comiéndome las uñas arriba de un maldito transporte publico, que suele ir superando su capacidad y que traslada a la gente apretada como ganado. Mi lema siempre fue “Mejor llegar con las tribunas vacías y no cuando la pelota ya entró”, así que siempre encontraba las tribunas vacías y el policía que controlaba en la puerta me miraba con cara de extrañado, y claro si faltaban por ahí 50 minutos para que empezara a llegar la gente.
Pero ese partido era especial, yo recuerdo que tenia un almanaque en mi pieza e iba tachando los días, en el día 17 de noviembre tenia un circulito ,claro, era el día que Vélez se jugaba todo en la semifinal con el América de México. Cayo un miércoles, como todos los partidos por la copa de aquella época, yo tenia todo organizado para llegar a las 18 y entrar, por mas que faltase mas de una hora, yo no me quería quedar afuera.

El día del partido arrancó movido, mi vieja me despertó porque me había quedado dormido, tenia que ir a la facultad a buscar otro gran éxito de mi fugaz paso por el Ciclo Básico de la Universidad de Buenos Aires, y como no podía ser de otra manera el resultado del final de Economía fue un 2, mi libreta seguía estando angustiosamente vacía. Una vez que ya tenia la nota, pensé que me iba a ser prácticamente imposible decirle a mamá que me había ido mal y que a la noche me iba a ir a la cancha, entonces agarre mis cosas e hice que la situación no me preocupaba, que era lógico que vaya a la cancha porque jugaba Vélez y para mi era importante. Llegue a casa a las 3 de la tarde, le dije a la vieja que me había ido mal y escuche el sermón que me dio. Poco tiempo después viaje todo equipado con el pantalón, la remera y la campera de Vélez, decidido a irme sin hacer ningún tipo de comentario, pero mamá reacciono a tiempo y me dijo…

- ¿A donde vas?
- A la cancha- le dije como si fuese obvio
- Le dijiste a papi- me quiso frenar y desafiarme
- No, a la noche le digo, no creo que se enoje- pero yo sabia que a la noche me iba a tocar bailar con la más fea, porque mi viejo te pone cara de culo y cagaste
-Bueno anda, pero a la noche vamos a hablar
-Si má no te preocupes vuelvo temprano, ustedes coman-
-Bueno, cuídate- con esa voz que suelen poner las madres cuando te dicen”anda pero por tu culpa a mi se me sale el corazón”
-Míralo por la tele que lo dan, por ahí no vuelvo- así me fui de casa, siempre hacia el mismo chiste, como una devolución de ese “cuídate”.

Salí de casa a las 16:30 como le había dicho a nacho, lo pase a buscar, pero ahí empezó con que era muy temprano, que íbamos a estar solos, que la cancha iba a estar cerrada, me calenté y le dije - si no te gusta, viaja solo, yo me voy - estaba totalmente cagado, porque ir solo a la cancha esta bueno, pero ir con alguien esta mejor. Diez minutos después de irme de la casa de nacho, yo estaba en la parada, se aparece con el termo abajo del brazo y me dice- ya estoy listo, te estoy esperando- y se caga de risa, ahí emprendimos viaje para el partido que esperábamos desde hacia mas de un mes.

Subimos al bondi, como no podía ser de otra manera estaba lleno de gente y con ese olor que caracteriza al colectivo 21, es como un olor a lavandina que te penetra los pulmones y las fosas nasales y que suele salir de la gente que se baja en Liñers para tomarse el tren. Viajamos de punta a punta hablando de la formación que iba a poner esa tarde el técnico, el defendía su postura de jugar con doble cinco y yo le decía que era un cagon, parecíamos una pareja. Llegamos a Liñers en tiempo record, a las 17:15 ya estábamos allá, pero faltaban dos horas para el partido y ahí arranco de nuevo nacho con –Te dije pepe, es muy temprano, podría estar en mi casa mirando las modelos nuevas del programa del 13- no me podía haber dicho peor cosa que esa, salte el cordón de la vereda de la calle Ghana y le dije –si te importan mas las minas que Vélez, vos no sos un verdadero hincha- me miro con cara de asombro y volvió con el tema de que Vélez no estaba hecho para jugar sin doble cinco.

Entramos a la cancha apenas pasadas las seis de la tarde, porque en el medio cruzamos y nos compramos una coca. Cuando pasamos el acceso a la popular local, miramos hacia arriba para ver a la multitud y no había nadie, entonces nos sentimos que éramos los dueños del José Amalfitani, al menos por un rato. No pasaron mas de cinco minutos y entraron los jugadores de Vélez a la cancha para ver como estaba el pasto, ahí se desato mi locura por pedirle a alguno que se acercara, iba a ser “el sueño del pibe”, el único que se acerco fue el “Roly” Zarate, el jugador emblema de aquel Vélez de Russo.

Cuando el goleador se acerco, le pase mi camiseta por el alambrado y recuerdo que dijo –firmo esta y me voy- y agarro la mía, yo no lo podía creer, por mi el partido podían suspenderlo.

La popular se fue colmando, llegaron los papelitos, las banderas, los bombos y la gente de Vélez explotaba de locura. Me acuerdo que ese día rompí una de mis grandes cabalas, cambie de lugar y fui a ver el partido a “el lugar de nacho”, por eso no les hicimos diez a los mexicanos. El partido no fue tan espectacular, si uno lo ve desde afuera, pero cuando estas saltando y gritando junto a 20 mil personas pensas que estas viendo la obra de arte mas hermosa de tu vida. Fueron 90 minutos muy sencillos, Vélez resolvió el partido con dos goles de su figura, Lucas Castroman, y yo me volví a casa contento por tener la firma y porque además habíamos ganado.

Cuando llegue a casa me esperaba un cartelito que decía “Calentate esto y cuando termines de comer subí a la pieza nuestra, Papi” y bueno yo pensé que no hay mal que por bien no venga. Termine de comer, intente demorar todo para subir y que ya estén durmiendo, pero cuando subí estaban los dos firmes en la cama y mi viejo arranco la conversación con un – ¿vos vas a vivir siempre de joda?- ahí la situación llego a su limite y yo haciéndome el indefenso les dije que era una noche especial y que yo tenia que estar ahí. La charla se fue diluyendo y les dije que me iba a dormir porque al día siguiente quería estudiar, cosa que jamás hice pero sonaba “maduro”. El día después fue increíble, me levante y fui a comprar el Olé para ver a MI Vélez, ya sentía que era mío como todos los hinchas, salir en la tapa y leer que todos se morían de envidia por ser hinchas del fortín. Pero aquel día después también fue el principio de un conteo para el próximo partido que Vélez jugaba contra la América, donde velez buscaba seguir en el camino a la gloria.

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